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El Espíritu de penitencia en Louis María Baudouin. Un Espíritu de Nazarenas

Cecilia Rogel, ursulina de Jesus, nos habla de sus estudios sobre el Carisma de la Encarnación.

Comencé mis estudios de bachiller en teología en la Universidad Católica de Chile, en Santiago, donde cursé los dos años de filosofía. Luego continué los estudios de teología en la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid; en esta casa de estudios acabé el bachillerato y seguidamente, realicé el Master en Espiritualidad, momento en el cual elaboré la tesina que lleva por título: “El Espíritu de penitencia en Louis María Baudouin. Un Espíritu de Nazarenas”.

1.- ¿Cómo has desarrollado tu tesis?

Para poder descubrir y entender mejor qué es lo que el P. Baudouin ha querido expresar en lo que él denomina como “espíritu de penitencia”, tal cual como está dicho en la Regla Sablesa , ha sido necesario recordar en primer lugar el momento histórico a partir del cual el P. Baudouin escribe este texto; los acontecimientos que se suceden en la sociedad, en la Iglesia y en la historia personal de nuestro fundador son esenciales para comprender el dónde, el por qué y el cómo vivirse desde un “espíritu de nazarenas/os”.

Es desde esta base, que seguidamente y como un segundo apartado, la investigación se centra en un análisis, frase por frase de nuestro texto en cuestión, para descubrir la teología bíblica y espiritual que subyace en él, ya que hay que tener presente que el P. Baudouin en la Regla Sablesa filtra su experiencia espiritual con los conocimientos teológicos, bíblicos y patrísticos aprendidos durante su formación como sacerdote y en lo que se considera como su segundo tiempo de formación, en la biblioteca del Cardenal Lorenzana, durante su exilio en Toledo (España).

Finalmente, es en la tercera parte de mi trabajo donde me atrevo a esbozar algunas pistas de futuras reflexiones y también de posibles modos de interpretación, sobre todo de lo que significaría vivirse hoy desde un “espíritu de nazarenas/os”.

2.- ¿Qué te ha movido a hacer una tesis sobre Nazarenas?

Hay varios motivos por los cuales he querido realizar una reflexión sobre el Espíritu de Nazarenos/as, sin embargo en esta oportunidad, solo comparto algunos.

La razón primordial ha sido sin duda, mi propia vocación como Ursulina de Jesús. Gracias a ella se ha despertado en mí el deseo de conocer y profundizar lo que el P. Baudouin nos ha dejado como legado espiritual. En este sentido, debo reconocer y agradecer a muchas hermanas chilenas, francesas y españolas, que desde mis primeros pasos en la congregación, sembraron en mí el amor por el carisma y la espiritualidad de nuestra familia religiosa, ayudándome a descubrir y a comprender, que estamos llamadas a compartir con otros/as el don que Dios nos ha regalado a través de nuestro fundador. Y que por lo tanto, tenemos una misión y una responsabilidad que vivir en Iglesia, en medio de la realidad de nuestro mundo hoy. Creo personalmente que todos los que hacemos parte de la Familia del P. Baudouin estamos llamados a asumir los desafíos de nuestra sociedad de hoy, que se presenta sobre todo marcada por el secularismo, pero a la vez con una profunda sed de espiritualidad.

Debo expresar también, que otra razón que me ha impulsado a entrar en este camino de conocimiento y profundización es mi experiencia de compartir con los laicos la espiritualidad que nos ha sido dada; siempre he creído que ella sigue siendo válida para la vida espiritual de los cristianos de nuestro tiempo, como lo fue en los tiempos del P. Baudouin. Cada vez que he podido profundizar, vivir y celebrar lo que es la espiritualidad de la encarnación con personas de diversos países como Chile, Bolivia, España y Francia, constato una y otra vez la fuerza y la vitalidad que tiene esta forma de hacer vida el Proyecto de Dios en la vida de la gente, sobre todo en su vida cotidiana (familia, trabajo, voluntariados, pastoral, etc.).

Y aunque sea un poco difícil de comprender debo decir que otra cosa que me motivó a desarrollar esta investigación fue la dificultad para comprender lo que el P. Baudouin expresa como “un espíritu de penitencia”. El texto está escrito en un lenguaje y con unas categorías teológicas difíciles de entender y sobre todo de aceptar para vivir una vida espiritual en nuestros tiempos. De hecho es un escrito que provoca un cierto rechazo y aparentemente no tiene mucho que decirnos. Personalmente, cada vez que leía el texto intuía que debajo de todos los conceptos que el P. Baudouin utiliza, había algo profundo e importante para nuestra vida espiritual y que era necesario desvelar.

3.-¿Qué es lo que más te ha sorpendido?

Al entrar por primera vez en la reflexión y en la profundización teológica-bíblica e espiritual del texto, que el P. Baudouin describe como el “espíritu de penitencia”, debo expresar que lo más sorprendente para mí ha sido descubrir la comprensión que nuestro fundador tenía acerca de esta dimensión espiritual.

Más allá de las expresiones y categorías que utiliza el P. Baudouin, que hay que entender que son las que poseía la teología de su tiempo, el “espíritu de penitencia” del que nos habla no trata directamente del cumplimiento de determinadas devociones de carácter penitencial o ascético (o de acciones externas, como él mismo expresa), ni de buscar vivir el sufrimiento por el sufrimiento, sino que se trata de una dimensión espiritual, que posee una diversidad de características, a través de la cual podemos participar y colaborar en la misión de salvación del Verbo hecho Carne. Una salvación que para el P. Baudouin se centraría en el restablecimiento de la comunión, de la relación de amistad de la persona con Dios, nuestro Padre y de una reconciliación entre los hermanos. No podemos olvidar que nuestro fundador a su regreso de su exilio en España se encuentra con una Iglesia dividida y con una sociedad que ha decidido vivirse sin Dios.

Es así entonces, que he descubierto que el P. Baudouin no tiene una experiencia ni una comprensión negativa de la Encarnación (recordemos que hay dos líneas de comprensión acerca de la Encarnación en la historia de la teología). Nuestro fundador descubre que la Encarnación es algo que Dios ha pensado desde toda la eternidad no sólo para salvar al hombre de su pecado, sino y fundamentalmente porque Dios desde siempre a amado a sus hijos e hijas.

Partiendo desde esta certeza, es que he podido descubrir que el “espíritu de nazarenas/os”, del que nos habla el P. Baudouin de un don de Dios (de una llamada, una vocación), un “don interior” (que tiene que vivirse a ejemplo de Jesús, que según el P. Baudouin vivió toda su vida con un estilo penitencial); un don, que en primer lugar, debe atravesar y transformar el corazón del hombre y de la mujer (metanoia) que le busca y que pretende seguirle con radicalidad. Podríamos decir que es un don que recibe la persona por parte de Dios para alcanzar la madurez en Cristo, que no es otra cosa que la filiación, en cuanto a ser hijos en el Hijo.

El “espíritu de nazarenas/os”, por lo tanto, es fruto de la acción del Espíritu del Verbo Encarnado que se hace presente en todo aquel y aquella que se hace disponible a su presencia. Y es esta acción del Espíritu de Jesús que nos hace vivir en medio de la realidad donde nos encontramos con un estilo kenótico (Flp 2, 6ss), realidad hoy por hoy difícil de vivir en medio de una sociedad que se centra en el poder, en el éxito, en buscar a toda costa los intereses personales, etc.
Este estilo de vida kenótico, vivido a ejemplo de Jesús y por su Espíritu es el que nos hace vivir desde una ofrenda continua de nuestra vida, que se concreta especialmente en lo cotidiano de ella, es decir, en el trabajo, los estudios, en la enfermedad, el sufrimiento, el dolor, las alegrías, las esperanzas, las luchas, etc. Se trata, por lo tanto, de una ofrenda permanente y confiada de toda la existencia cotidiana a Dios, desde las cosas más sencillas y pequeñas vivir o hacer. Así la persona entera da respuesta al amor de Dios (es un “retorno de amor”), transformándose en ofrenda sacerdotal, a través de todo lo que vive; todo se entrega a Dios porque Dios todo lo ha dado por nosotros; de este modo toda la persona se hace acción de gracias, adoración y ofrenda a Dios.

4.-Supongo que has intentado expresar con palabras de hoy lo que el P. Baudouin quería decir con la expresión Nazarena

Quiero decir que este trabajo sólo es una primera aproximación al texto que el P. Baudouin nos ha dejado. He intentado desvelar frase por frase el significado y sentido de los conceptos que nuestro fundador ha utilizado, dejándome ayudar por una diversidad de autores. Por lo tanto, considero esta investigación como un primer eslabón de lo que tendría que continuar desarrollándose, que es el intento de actualizar lo que el P. Baudouin nos ha dejado.

En la tesis, sobre todo en su última parte, de forma concisa, he desarrollado algunos elementos que son un pequeño intento de actualización de lo que podría ser para nosotros hoy “el espíritu de nazarenas/os”, pero que necesitan tiempo para seguir madurándolos, con el fin de poder ofrecer con un lenguaje propio de nuestro tiempo lo que estamos llamados a vivir como “espíritu de nazarenas/os”.

5.- ¿Qué podrías compartir a la Familia de la Encarnación?

Sencillamente quisiera animar a todos los que hacemos parte de esta gran familia, a seguir descubriendo, conociendo, profundizando y compartiendo la riqueza que posee nuestra espiritualidad, porque es desde ella que se tiene que alimentar toda nuestra vida estando en plena actividad misionera o estando a lo mejor incapacitado por la enfermedad u otros motivos. La espiritualidad de la encarnación es nuestro motor, es la fuerza que nos impulsa día a día a vivir; es lo que dota de sentido todo lo que hacemos y vivimos; es lo que marca nuestro modo de servir, de acercarnos y de estar en medio de la gente (familia, trabajo, amigos, etc.); es la forma de mostrar, de transparentar el rostro de Dios a imagen de Jesús Hijo y Hermano.

Por lo tanto, si queremos amar, seguir y entregar toda nuestra existencia a Jesús Verbo Encarnado, es necesario poder conocerlo, hacerlo nuestro (recordemos que “no se puede amar aquello que no se conoce”), dejarnos habitar por Él, para poder actuar por Él, con Él y en Él como nos ha dicho el P. Baudouin para que nuestra vida se convierta en adoración al Padre y en solidaridad permanente con nuestros hermanos.

Entrevista realizada a Cecilia Rogel por M. Thérèse Charrier