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Niños y Niñas en Ecuador

Había una vez dos hermanitas en España llamadas Marisol y Salu...Así, en forma de cuento, Marisol Rodríguez de la Comunidad de Palomeras-Madrid y Salu Sánchez de la Comunidad de Córdoba nos cuentan su experiencia de presencia y ayuda durante algunos meses en Esmeraldas (ECUADOR)

E stas hermanitas en España tenían una vida muy, muy ocupada, tan ocupada que no dejaban espacio a la novedad, prácticamente todos los días eran iguales.
Pero un dia, el Señor, a través de otra hermana, les pidió ir a un país lejano, pero muy bonito, llamado Ecuador, ellas nunca habían estado allá, pero siempre habían oído que era un país muy bonito y su gente era encantadora.

S u misión, en ese país, era el apoyo escolar y la catequesis de unos niños y niñas que, aunque nos los conocían, les decían que les iba a gustar pues eran unos niños y niñas, igual que el país, encantadores.
Ellas se quedaron un poco preocupadas por tener que hacer un viaje tan lejano, pero les picaba la curiosidad por conocer a esos niños tan encantadores que les habían dicho, y a pesar de sus miedos y temores, se pusieron en camino hacia ese país tan maravilloso, sabiendo que Jesús les acompañaba.
Y de la noche a la mañana aparecieron en Esmeraldas, en un barrio con mucha gente que iba y venía y con muchos niños y niñas que jugaban, reían y corrían por sus calles, ese barrio se llamaba San Rafael.

Y sin darse cuenta se encontraron en el oratorio de tiwintza con esos niños y niñas de los cuales les habían hablado en España.
Y ¡cual fue su sorpresa! cuando descubrieron unos niños y niñas , que ademas de encantadores, eran alegres, festivos, capaces de disfrutar las pequeñas cosas, que daba gusto verlos jugar, reir y participar en todo aquello que se les proponía y no solo eso, sino que eran unos niños y niñas buenos, guapos, espontáneos, trabajadores, educados y , sobre todo cariñosos, tanto, tanto que, sin ellas darse cuenta, se metieron en sus corazones.
Y cuando se encontraban con ellos, el corazón saltaba de alegría y fueron muy felices el tiempo que les tocó estar junto a ellos, se encontraban como en casa.

Y así un día y otro hasta que llegó la hora de volver a su país y, ¡cuál fue su sorpresa! cuando descubrieron que, aún estando lejos, lejos, los niños y niñas seguían en su corazón.
Y desde aquel momento no hay un día, que se pase sin recordarles con mucho cariño.
Y pedirle a Dios Padre que los cuide y los guarde y, que siempre, siempre, sean muy felices.
Con todo nuestro corazón, lleno de cariño y agradecimiento por habernos dejado entrar en vuestras vidas.

Marisol y Salu