Vivencia de la comunidad de Genesaret vista por “Curri” (Paco)
Fue en el camino. Fue cuando más dolían el desconcierto a unos, la soledad a otros, la falta de referencias a casi todos.
Fue su llamada en el silencio del desierto al que nos llevo para que lo oyéramos sólo a Él.
Fue que quizá comenzábamos a no esperar ya nada nuevo de Él, nada que fuera diferente de lo que ya sabíamos, de lo que ya “creíamos” de lo que ya habíamos estudiado o vivido en cientos de reuniones, de retiros, de encuentros, de convivencias.
Fue que teníamos, sin saberlo, el corazón aún en búsqueda de algo que ni siquiera soñábamos, porque del sueño y del cansancio más grandes llegó la realidad más hermosa.
Fue que Dios siempre es vino nuevo cuando los odres comienzan a ser viejos, y llegó a nuestras bocas y nos supo a fiesta de bodas, a baile hasta el alba donde el tiempo y la prisa no habían sido invitados.
Fue que estaban nuestras velas con luz mortecina, y nuestros escasos ánimos encerrándonos a oscuras en la habitación más interior de la casa, y Él tenía llaves y parafina en abundancia.

Fue Pilar, que buscaba rebelarse ante todo y ante todos.
Fue Toñi, abiertos su corazón y su risa fácil a encontrar lo que siempre buscó y a la que nunca nada convenció.
Fue Merce, a la espera siempre, a la escucha siempre, dispuesta siempre a la huella y a husmear el aire buscando el soplo de Dios.
Fue Eli, con sus manos llenas de arte y música, de entrega y fidelidad a una opción enraizada hondo.
Fue Emma, con su aspecto frágil y su ademán sensible y delicado, pero con la fortaleza de la fe y el gozo brillando en los ojos.
Fue Amelia, con su mochila cargada de caminos y fronteras abatidas, con su paleta de pintor llena de colores nuevos traídos de lugares lejanos, con su sonrisa perenne y su rico mundo interior que aflora en su lenguaje pausado y sereno.
Fue Tere, que oyó rumores y confió en la fuente, en que quizá esa agua era de Vida, y se levantó y se puso en camino.
Fue Curri, donde Dios se hace poesía y música, donde antes se apaga el viento que la llama obstinada de la vela.
Fue Genesaret, la Comunidad, pequeña semilla bien regada a sus ojos, violín de cuerdas débiles en manos sabias.
13 de Marzo 2011
